Introducción
En las últimas décadas, se ha acelerado exponencialmente
el desarrollo tecnológico en el ámbito educativo para
apoyar la labor de los docentes en su trabajo con los
estudiantes de América Latina y el Caribe. La crisis de la
pandemia ha enfatizado la importancia de la tecnología
en la práctica docente, tanto para la enseñanza a
distancia como presencial. Dentro y fuera del contexto
de la pandemia, la tecnología contribuye a las funciones
docentes más básicas, como puede ser la comunicación
efectiva entre el docente y sus estudiantes, la evaluación
de aprendizajes en tiempo real y la toma de decisiones
pedagógicas informadas, o el intercambio de mejores
prácticas y la colaboración entre docentes fuera del
ámbito escolar. Sin embargo, esta nueva realidad virtual
ha revelado importantes retos para la implementación
efectiva de tecnologías educativas que apoyen a los
docentes, incluyendo brechas en las habilidades digitales
de los docentes, y en la efectividad y viabilidad de las
herramientas tecnológicas disponibles.
La Tecnología en la Educación: Uso de Tecnología de la Información y de la Comunicación en la Formación Docente:
La
historia de los materiales didácticos es tan antigua como la misma educación.
Por su parte, el primer pizarrón como hoy lo conocemos data de 1840. Antes era
un elemento individual, un bloque de roca en el cual los estudiantes escribían
lo que el profesor indicaba. Fue el escocés y profesor de geografía James
Pillian quien usó por primera vez el pizarrón como hoy se conoce: tomó una de
las pizarras de sus alumnos, la dispuso en la pared y allí dibujó para que sus
alumnos comprendiesen mejor lo que estaba explicando. De esta manera, la
pizarra se transformó en pizarrón, en ese rectángulo que se ubica frente al
aula y sirve para plasmar los ejercicios y tareas de las asignaturas (Huerta,
2016).
El
pizarrón blanco fue creado en los años '50. El fotógrafo coreano Martin Heit
descubrió que las marcas de los plumones podían borrarse de los negativos. Así,
ideó un tablero realizado con el mismo material para poder anotar sus ideas y
tareas. Quiso patentarlo, pero su invento se quemó en el lugar de la
exposición. Posteriormente, vendió su idea a una empresa, aunque no se
popularizó hasta los años '90, cuando se conocieron los riesgos y
complicaciones respiratorias que podía acarrear el uso de la tiza en la pizarra
tradicional. A partir del 2000, con los avances tecnológicos y la incorporación
del uso del proyector y una computadora, esta pizarra blanca se transformó en
una pizarra interactiva (Huerta, 2016).
El profesorado y las TICs:
miedos, incertidumbres y desafíos profesionales:

Hoy en día casi nadie pone en duda la necesidad
de que las denominadas TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación)
entren en las aulas y centros educativos de modo que se conviertan en parte
habitual e integrada del paisaje y práctica escolar. Hace poco más de una
década no era infrecuente que un porcentaje más o menos amplio de docentes
expresaran públicamente su tecnofobia, es decir el rechazo o cuestionamiento de
la utilización de estas máquinas digitales en los procesos de
enseñanza-aprendizaje, acusándolos de que “deshumanizaban” o “tecnificaban” la
educación, de que solamente servían al alumnado para distraerse y/o jugar o que
el conocimiento y la cultura verdadera estaba en los libros y no en la
tecnología digital. En el fondo, la tecnofobia no era más que la manifestación
de los miedos que produce lo desconocido ya que curiosamente los docentes
tecnófobos de aquellos años eran personas que prácticamente nunca habían
utilizado una computadora e ignoraban conceptos, hoy en día ya integrados en
nuestra cultura cotidiana, como software, Internet, correo electrónico o Word
Wide Web.
Al respecto, hace algunos años (1998) publiqué un
artículo titulado El final de las certezas. La
formación del profesorado ante la cultura digital, en colaboración
con mi colega Juan Yanes el que afirmábamos:
“El profesorado pertenece a un grupo social, que
por su edad, fue alfabetizado culturalmente en la tecnología y formas
culturales impresas. La palabra escrita, el pensamiento académicamente
textualizado, el olor a imprenta, la biblioteca como escenografía sublimada del
saber han sido, y siguen siendo, para una inmensa mayoría de los docentes el
único hábitat natural de la cultura y del conocimiento. La brusca aparición, en
el último lustro, de las tecnologías digitales representan para esta generación
una ruptura con sus raíces culturales. Gran parte del profesorado no tiene
experiencia de interacción con las máquinas. El almacenamiento y organización
hipertextual de la información, la representación multimediada de la misma son
códigos y formas culturales desconocidas para la actual generación de docentes.
Ante esta situación las reacciones suelen oscilar entre el rechazo o tecnofobia
hacia las máquinas y la fascinación irreflexiva de estas formas de magia
intelectual” .
Esta actitud negativa hacia los ordenadores prácticamente ha desaparecido de la
comunidad educativa -aunque siempre quedan sujetos resistentes y atrincherados
en la supuesta superioridad de la cultura impresa- para dar paso a una actitud
de aceptación de la inevitabilidad y la necesidad de usar las tecnologías
digitales tanto en la vida cotidiana (ocio, acceso a servicios, compras on
line, gestión administrativa, búsqueda de información, comunicación con amigos
y familiares, etc.) como en la actividad profesional docente (tanto fuera del
aula para realizar las planificaciones de actividades, de unidades didácticas o
de materiales, como en las situaciones de enseñanza en clase para que el
alumnado aprenda).
El profesorado, al igual que otros muchos
colectivos profesionales, está actualmente sometido a un proceso constante e
interminable de cambios provocados por la transformación de los sistemas
escolares y su adaptación a las nuevas características de la sociedad de la
información. Y los cambios e innovaciones no son fáciles ni se producen con rapidez.
No nos podemos engañar a nosotros mismos ni al resto de colegas: las
tecnologías no hacen más fácil el ejercicio de la profesión docente, todo lo
contrario, la hacen más compleja. Utilizar los ordenadores de forma más o menos
habitual con el alumnado y que dicha práctica docente tenga valor y significado
pedagógico representará para la inmensa mayoría del profesorado un enorme
esfuerzo de aprendizaje en la adquisición de nuevas habilidades relacionadas
con el cambio en las formas de agrupamiento y gestión de la clase, en la
planificación de actividades basadas en el uso de los recursos de Internet o
del multimedia educativo, en el establecimiento de nuevos criterios evaluativos
de los productos y trabajos que realicen los alumnos, en saber resolver las
dudas que éstos planteen cuando se les “cuelgue” un programa informático o no
sepan cómo utilizarlo, … Enseñar con ordenadores requiere de una metodología
distinta al modelo tradicional basado en el libro de texto, la clase magistral
o en apuntes. Y cambiar estas rutinas y habilidades docentes es un problema
complejo, que exige mucho entusiasmo, tiempo y esfuerzo continuado.
A mi modo de ver, los principales desafíos que
suponen para el profesorado enseñar con las TICs en una perspectiva
metodológica que asuma los planteamientos y principios constructivistas e
innovadores supone básicamente un cambio sustantivo del papel del docente en el
aula se podría sintetizar en las siguientes ideas:
· Ayudar al alumnado a reconstruir y dar significado a la multitud de
información que obtiene extraescolarmente.
· El profesor debe asumir la pérdida de su monopolio como fuente única del
conocimiento, así como reconocer que el alumnado sabe y domina más la
tecnología que los adultos.
· El papel del docente en el aula debe ser más un organizador y supervisor de
actividades de aprendizaje que los alumnos realizan con tecnologías, más que un
transmisor de información elaborada.
· Enseñar con ordenadores en una perspectiva constructivista incrementa la
complejidad de gestión de la clase.
· Frente al aprendizaje como una experiencia individual el reto es utilizar la
tecnología para generar procesos de aprendizaje colaborativo entre los alumnos
de la clase y entre clases geográficamente distantes.
Bibliografía ://manarea.webs.ull.es/el-profesorado-y-las-tics-miedos-incertidumbres-y-desafios-profesionales/
Realidades y Necesidades de Capacitación del docente.

La capacitación de los docentes en el
uso de la tecnología es fundamental para que puedan integrar de forma exitosa
las TIC en la educación. La tecnología puede ayudar a los docentes a:
- Personalizar el aprendizaje
- Fomentar la colaboración
- Mejorar el acceso a recursos globales
- Ahorrar tiempo en tareas
administrativas
- Evaluar el aprendizaje en tiempo real
Comunicarse con los estudiantes
Sin embargo, los docentes pueden
enfrentar algunos desafíos, como: Resistencia al cambio, Falta de visión clara
sobre el uso pedagógico de la tecnología, Brecha digital, Falta de tiempo y
recursos.
Para que los docentes puedan integrar
la tecnología de manera efectiva, se recomienda:
Ofrecer capacitación en competencias
digitales
- Utilizar estrategias de capacitación
como talleres prácticos, mentoría y formación en línea
- Crear guías metodológicas para analizar
la información generada en las plataformas
- Colaborar con actores del sector
privado, la sociedad civil y multilaterales
- Asegurar que las infraestructuras
cuenten con una buena conectividad y soluciones wifi
- Controlar la seguridad de la red para
proteger a los usuarios