sábado, 23 de noviembre de 2024

El Docente y la Tecnología: Temores, Realidades y Necesidades de Capacitación.


Introducción


    En las últimas décadas, se ha acelerado exponencialmente el desarrollo tecnológico en el ámbito educativo para apoyar la labor de los docentes en su trabajo con los estudiantes de América Latina y el Caribe. La crisis de la pandemia ha enfatizado la importancia de la tecnología en la práctica docente, tanto para la enseñanza a distancia como presencial. Dentro y fuera del contexto de la pandemia, la tecnología contribuye a las funciones docentes más básicas, como puede ser la comunicación efectiva entre el docente y sus estudiantes, la evaluación de aprendizajes en tiempo real y la toma de decisiones pedagógicas informadas, o el intercambio de mejores prácticas y la colaboración entre docentes fuera del ámbito escolar. Sin embargo, esta nueva realidad virtual ha revelado importantes retos para la implementación efectiva de tecnologías educativas que apoyen a los docentes, incluyendo brechas en las habilidades digitales de los docentes, y en la efectividad y viabilidad de las herramientas tecnológicas disponibles.  

La Tecnología en la Educación: Uso de Tecnología de la Información y de la Comunicación en la Formación Docente:


    La historia de los materiales didácticos es tan antigua como la misma educación. Por su parte, el primer pizarrón como hoy lo conocemos data de 1840. Antes era un elemento individual, un bloque de roca en el cual los estudiantes escribían lo que el profesor indicaba. Fue el escocés y profesor de geografía James Pillian quien usó por primera vez el pizarrón como hoy se conoce: tomó una de las pizarras de sus alumnos, la dispuso en la pared y allí dibujó para que sus alumnos comprendiesen mejor lo que estaba explicando. De esta manera, la pizarra se transformó en pizarrón, en ese rectángulo que se ubica frente al aula y sirve para plasmar los ejercicios y tareas de las asignaturas (Huerta, 2016).

    El pizarrón blanco fue creado en los años '50. El fotógrafo coreano Martin Heit descubrió que las marcas de los plumones podían borrarse de los negativos. Así, ideó un tablero realizado con el mismo material para poder anotar sus ideas y tareas. Quiso patentarlo, pero su invento se quemó en el lugar de la exposición. Posteriormente, vendió su idea a una empresa, aunque no se popularizó hasta los años '90, cuando se conocieron los riesgos y complicaciones respiratorias que podía acarrear el uso de la tiza en la pizarra tradicional. A partir del 2000, con los avances tecnológicos y la incorporación del uso del proyector y una computadora, esta pizarra blanca se transformó en una pizarra interactiva (Huerta, 2016).

El profesorado y las TICs: miedos, incertidumbres y desafíos profesionales:



Hoy en día casi nadie pone en duda la necesidad de que las denominadas TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación) entren en las aulas y centros educativos de modo que se conviertan en parte habitual e integrada del paisaje y práctica escolar. Hace poco más de una década no era infrecuente que un porcentaje más o menos amplio de docentes expresaran públicamente su tecnofobia, es decir el rechazo o cuestionamiento de la utilización de estas máquinas digitales en los procesos de enseñanza-aprendizaje, acusándolos de que “deshumanizaban” o “tecnificaban” la educación, de que solamente servían al alumnado para distraerse y/o jugar o que el conocimiento y la cultura verdadera estaba en los libros y no en la tecnología digital. En el fondo, la tecnofobia no era más que la manifestación de los miedos que produce lo desconocido ya que curiosamente los docentes tecnófobos de aquellos años eran personas que prácticamente nunca habían utilizado una computadora e ignoraban conceptos, hoy en día ya integrados en nuestra cultura cotidiana, como software, Internet, correo electrónico o Word Wide Web.

Al respecto, hace algunos años (1998) publiqué un artículo titulado El final de las certezas. La formación del profesorado ante la cultura digital, en colaboración con mi colega Juan Yanes el que afirmábamos:

“El profesorado pertenece a un grupo social, que por su edad, fue alfabetizado culturalmente en la tecnología y formas culturales impresas. La palabra escrita, el pensamiento académicamente textualizado, el olor a imprenta, la biblioteca como escenografía sublimada del saber han sido, y siguen siendo, para una inmensa mayoría de los docentes el único hábitat natural de la cultura y del conocimiento. La brusca aparición, en el último lustro, de las tecnologías digitales representan para esta generación una ruptura con sus raíces culturales. Gran parte del profesorado no tiene experiencia de interacción con las máquinas. El almacenamiento y organización hipertextual de la información, la representación multimediada de la misma son códigos y formas culturales desconocidas para la actual generación de docentes. Ante esta situación las reacciones suelen oscilar entre el rechazo o tecnofobia hacia las máquinas y la fascinación irreflexiva de estas formas de magia intelectual” .

Esta actitud negativa hacia los ordenadores prácticamente ha desaparecido de la comunidad educativa -aunque siempre quedan sujetos resistentes y atrincherados en la supuesta superioridad de la cultura impresa- para dar paso a una actitud de aceptación de la inevitabilidad y la necesidad de usar las tecnologías digitales tanto en la vida cotidiana (ocio, acceso a servicios, compras on line, gestión administrativa, búsqueda de información, comunicación con amigos y familiares, etc.) como en la actividad profesional docente (tanto fuera del aula para realizar las planificaciones de actividades, de unidades didácticas o de materiales, como en las situaciones de enseñanza en clase para que el alumnado aprenda).

El profesorado, al igual que otros muchos colectivos profesionales, está actualmente sometido a un proceso constante e interminable de cambios provocados por la transformación de los sistemas escolares y su adaptación a las nuevas características de la sociedad de la información. Y los cambios e innovaciones no son fáciles ni se producen con rapidez.
No nos podemos engañar a nosotros mismos ni al resto de colegas: las tecnologías no hacen más fácil el ejercicio de la profesión docente, todo lo contrario, la hacen más compleja. Utilizar los ordenadores de forma más o menos habitual con el alumnado y que dicha práctica docente tenga valor y significado pedagógico representará para la inmensa mayoría del profesorado un enorme esfuerzo de aprendizaje en la adquisición de nuevas habilidades relacionadas con el cambio en las formas de agrupamiento y gestión de la clase, en la planificación de actividades basadas en el uso de los recursos de Internet o del multimedia educativo, en el establecimiento de nuevos criterios evaluativos de los productos y trabajos que realicen los alumnos, en saber resolver las dudas que éstos planteen cuando se les “cuelgue” un programa informático o no sepan cómo utilizarlo, … Enseñar con ordenadores requiere de una metodología distinta al modelo tradicional basado en el libro de texto, la clase magistral o en apuntes. Y cambiar estas rutinas y habilidades docentes es un problema complejo, que exige mucho entusiasmo, tiempo y esfuerzo continuado.

A mi modo de ver, los principales desafíos que suponen para el profesorado enseñar con las TICs en una perspectiva metodológica que asuma los planteamientos y principios constructivistas e innovadores supone básicamente un cambio sustantivo del papel del docente en el aula se podría sintetizar en las siguientes ideas:
· Ayudar al alumnado a reconstruir y dar significado a la multitud de información que obtiene extraescolarmente.
· El profesor debe asumir la pérdida de su monopolio como fuente única del conocimiento, así como reconocer que el alumnado sabe y domina más la tecnología que los adultos.
· El papel del docente en el aula debe ser más un organizador y supervisor de actividades de aprendizaje que los alumnos realizan con tecnologías, más que un transmisor de información elaborada.
· Enseñar con ordenadores en una perspectiva constructivista incrementa la complejidad de gestión de la clase.
· Frente al aprendizaje como una experiencia individual el reto es utilizar la tecnología para generar procesos de aprendizaje colaborativo entre los alumnos de la clase y entre clases geográficamente distantes.

Bibliografía ://manarea.webs.ull.es/el-profesorado-y-las-tics-miedos-incertidumbres-y-desafios-profesionales/


Realidades y Necesidades de Capacitación del docente.


La capacitación de los docentes en el uso de la tecnología es fundamental para que puedan integrar de forma exitosa las TIC en la educación. La tecnología puede ayudar a los docentes a:

  • Personalizar el aprendizaje
  • Fomentar la colaboración
  • Mejorar el acceso a recursos globales
  • Ahorrar tiempo en tareas administrativas
  • Evaluar el aprendizaje en tiempo real

Comunicarse con los estudiantes

Sin embargo, los docentes pueden enfrentar algunos desafíos, como: Resistencia al cambio, Falta de visión clara sobre el uso pedagógico de la tecnología, Brecha digital, Falta de tiempo y recursos.

Para que los docentes puedan integrar la tecnología de manera efectiva, se recomienda:

Ofrecer capacitación en competencias digitales

  1. Utilizar estrategias de capacitación como talleres prácticos, mentoría y formación en línea
  2. Crear guías metodológicas para analizar la información generada en las plataformas
  3. Colaborar con actores del sector privado, la sociedad civil y multilaterales
  4. Asegurar que las infraestructuras cuenten con una buena conectividad y soluciones wifi
  5. Controlar la seguridad de la red para proteger a los usuarios




 

 

 


 






No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Gracias por tu comentario.